Hay que leer

Quienes me conocen, me leen o siguen por redes sociales, saben que hago mucho hincapié en que siempre, siempre: Hay que leer, en congruencia con lo dicho por el ex ministro Ángel Gabilondo, catedrático de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid y autor del ensayo Darse a la lectura (RBA), quien dice que “leer forma parte del acto de vivir”.

 

El leer entendido como el relacionamiento entre el lector, un texto y un contexto, nos nutre, y hace fijar límites, cumplir objetivos y sacarle jugo al tiempo dedicado, además de los beneficios en atención, concentración, lucidez, diversión, memoria. Eso si, es necesario leer lo que nos proporcione placer e insumos valiosos para aprender a escribir, hablar y relacionarnos.

 

Hoy, por desgracia y para nuestra tristeza, la gran mayoría de las personas, en los diversos escenarios de trabajo, estudio, interacción y relacionamiento, no lee, tiene un entendimiento errado o simplemente no lo hace de forma integral. Lo que incrementa las deficiencias en habilidades comunicativas y con ellas, la baja competencias en esta línea.

 

Hasta hace poco en Colombia estábamos hundidos en el analfabetismo. Los esfuerzos adelantados y logros obtenidos son válidos, pese a lo cual, es necesario de un lado entender las brechas del cuento que es leer en la ciudad y en el área rural, y dimensionar que esto debe ser una política pública, una iniciativa de las familias, que se enfoque a formar lectores críticos que superen por mucho, los casos de docentes que aun enseñan a leer o alfabetizan con métodos obsoletos.

 

Si a esta situación le sumamos las carencias y cuestionamientos de muchos sectores sobre los pendientes del sistema educativo frente al modelo productivo, se entiende porque convivimos con muchas personas que se comunican a medias tanto en lo personal, laboral, profesional, como en lo social.

 

Ahora bien, con el acceso a diversas tecnologías y plataformas, la forma de leer, de expresar sentimientos, de relacionarnos y de construir relaciones, ha cambiado. Lo que se mantiene son los efectos que tiene en el cerebro, así sea adulto, el hábito de leer.

 

¿Lo han hecho? ¿Han leído para otros?

 

Es necesario y placentero. En la medida en que la lectura sea una necesidad social, que la gente ame leer, lo que quiera, lo que le guste, no lo que le impongan; la lectura cambiará el cerebro y pensamientos de esas personas, que mejorarán su cualificación de competencias comunicativas orales y escritas. Y si, además, se comparte la lectura, los libros, tendremos elementos de comunicación y empatía, que nos permiten construir comunidad.

Si la gente no sabe leer esta excluida de los entornos sociales, laborales. Hay estudios que ratifican que, a mayores tasas de analfabetismo, mayores son las cifras de criminalidad, desempleo y, en fin, más se evidencian las trampas de la pobreza.

 

Tal como dijo Cicerón, “a hablar no se aprende hablando, sino leyendo” y gran parte de la crisis de contenidos, de valores, crisis y decisiones, deberíamos reflexionar sobre los impactos colectivos de la lectura. Leer va mas allá de devorar libros, textos o diversas plataformas, leer fomenta la toma de decisiones informadas, permite profundizar la democracia y la ciudadanía, entender el alcance de la participación política, de tal forma que mejora la comunicación, la expresión, transforma la sociedad y la hace en verdad incluyente.

 

Y tú, ¿Qué estas leyendo ahora?

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