¿Los Entes de Control también son corruptos?

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En los últimos días hemos visto como el Senador Jorge Enrique Robledo ha denunciado de manera reitera al Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez Neira, quien asumió la investigación del caso Odebrechet, al parecer el Fiscal estaría impedido por haber sido asesor de Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien controla una empresa socia en la ejecución de la vía Ocaña La Gabarra,  y por haber autorizado como superministro el conpes que apalancó la obra.

También hemos visto como en estas últimas semanas el Auditor General de la Nación, Felipe Córdoba, le entrego al Fiscal General un informe de contratistas y aportantes a campañas de Alcaldes y Gobernadores, de dicho informe por ejemplo salió afectado el ex Gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo. A la semana siguiente, la revista Semana revisó el documento y encontró inexactitudes e información falsa, rectificación publicada en un artículo en la revista el día 24 de marzo.

El año pasado una ex funcionaria de la Contraloría General de la Republica, gerencia Cauca, denunciaba actuaciones presuntamente corruptas al interior de la regional, asunto del que no se han vuelto a tener noticias.

Las revelaciones se han multiplicado, convirtiéndose en un hecho abrumador, tanto que percibimos a nuestra sociedad aturdida, estilando odio, dividida y a todos con actitud defensiva tratando de cazar a la primera bruja que se ponga en frente.

No podemos negar que somos una nación a la que le gusta la trampa, el truquito, la maroma, como diría Henry Fiol, desde el que compra el puesto en la fila, el que recurre a una recomendación para obtener un cargo sometido a concurso, hasta el presidente que recibe financiación para su campaña de una multinacional, o como lo bautizo el Senador Robledo, “un soborno prepago”.

Las causas pueden ser muchas, desde la influencia de los colonizadores españoles, que en su mayoría eran rufianes y póngale a eso la malicia indígena, resultando un coctel explosivo, hasta la influencia que recibimos de otros países, la televisión, la educación, etc.

Pero, no podemos seguir así, algo debemos hacer, ¿Cuál es el remedio?, ¿Cómo corregir esas conductas?

Así como para evitar la obesidad, recurrimos a una dieta sana, es decir, utilizamos medidas preventivas, eso mismo debemos hacer con estos comportamientos arbitrarios, tomar acciones previas y eso se hace con educación.

Así las cosas, resulta coherente invertir en formación en valores, campañas institucionales de cultura ciudadana, lecto escritura, emprendimiento y  formación en ciencia y tecnología. Debemos reconocer el problema y adoptar una política pública enfocada a la educación, la cultura ciudadana, la formación de jóvenes y procesos transparentes que vayan más allá del maquillaje y la superficialidad, debemos adoptar la transparencia como estilo de vida.

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