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Popayán Cauca
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El centro comercial más antiguo de Popayán funciona un solo día a la semana, pero vende millones.

 

No ostenta una gran fachada, sus locales carecen de maniquíes, vitrinas u otros mobiliarios, carece de parqueaderos, no tiene exóticos adornos de navidad, no rifa carros, motos, mercados o similares pero según los propios comerciantes, en  esta época, en 12 horas entre 25 y 30  mil clientes negocian productos por 1.000 millones de pesos.

Es el mercado del jueves de la galería del barrio Alfonso López, algunos lo llaman ‘jueves de la 13’ ‘shopping en la calle 13’ ‘el agáchese’ ‘mercado de las pulgas’ etc.

Sus denominaciones son muchas al igual que los mitos ciudadanos sobre el mismo; hay quienes aseguran que en las madrugadas cuando se descargan las mercancías, ocultando su identidad, tapados con gafas, pañoletas o grandes sombreros aparecen los dueños de las boutiques más exclusivas de Popayán, quienes negocian los mejores productos para luego revenderlos en sus locales.

Pese a la informalidad la moda también esta a primera mano allí, pues en los pequeños “stand” construidos artesanalmente hay gran variedad de ropa ajustándose al gusto y al bolsillo de todos los estratos, hasta las ultimas colecciones nacionales se encuentran en el lugar que además es el sitio de “rebusque” de centenas de personas que buscan un sustento en todo tipo ventas.  

‘Chiviado’, ‘nacional’, ‘contrabando’ no lo sabemos, en el sitio se venden camisas, zapatos, jeans de las marcas más famosas y exclusivas del mundo y a unos precios, que ni el famoso ‘viernes negro’ en los Estados Unidos puede igualar.

Compare - me dijo un cliente-  le compre a cada uno de mis tres hijos, dos hombres y una mujer, las pintas de navidad para 24 y 31, más la ropa mía y de mi esposa… pintas competas desde zapatos hasta chaqueta, “pa` estos frios”, mencionó, todo por $500.000; con esa plata escasamente compro un par de zapatos y un jean en un centro comercial de la ciudad.

A la 13, toca llegar desde las 6 a.m. o antes, dice Teresa González, una mujer que asegura visita el sitio al menos una vez al mes y que pretende ir cada jueves hasta el 29 de diciembre, si usted llega después, le toca lo más feo, eso sí hay que ‘reblujar’ porque lo más bonito lo ponen de último y ser muy cuidadoso porque mucha ropa viene con desperfectos, explica.

Yo vengo con Maruja Parra, mi vecina de siempre, no es que tengamos mucha plata, es que le compramos ropa a las sobrinas que trabajan y no pueden venir, con lo que nos dan para el mandado compramos también para nosotros, dice en medio de risas.

Después, salimos a comer fritanga o nos mandamos un platado de ternero en mesa larga, porque aquí sí que saben preparar eso,…. Yo me he sentado en la misma mesa que los ricachones de Popayán que vienen en sudadera a comprar sus pintas para después llevarlas al club (asegura con una risa picaresca).

 

En

 

La calle 13, tienen su propios sistema de seguridad, entre comerciantes se cuidan además tienen campaneros que pasan como clientes pero lo que están es vigilando, cuando se detecta un robo suena una alarma y si el ladrón se deja atrapar, lo llevan a la administración para ser fotografiado y luego lo pasan a la policía. – en muy pocos casos, algunos reincidentes han sido golpeados-

La mayor parte de los comerciantes no son de Popayán, Julio Flórez Álzate por ejemplo hace más de 7 años recorre los mercados del suroccidente del país, con la misma ropa viaja a Santander de Quilichao, Popayán y Neiva. Los productos dice los compra en las fábricas de Bogotá;  son los mismos que adquieren quienes tienen almacenes, los mismos distribuidores, la diferencia es que yo me ahorro empleados, arriendo, vitrinas etc, por eso vendo tan barato, asegura: “Mi ropa es legal tengo todas las facturas por eso no tengo problemas”.

En la calle 13 muy poco se ven redadas de la Dian u otros órganos de control, pero todos los comerciantes a quienes se consultó dicen tener la certeza que venden legal, la gran diferencia es que no facturan, no pagan impuestos, sólo los 300.000 que cuesta el arriendo mensual del espacio que utilizan, el pago a sus empleados que casi siempre son hijos, esposos o hermanos, la alimentación,  y el transporte de la mercancía.

“la 13” un mercado particular que en medio de incomodidades, caras sonrojadas de encontrarse uno que otro conocido, se convierte en una alternativa laboral y comercial para una ciudad que hoy ostenta el deshonroso primer lugar en desempleo en el país.

 

 

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