Trabajar la felicidad

Es increíble ver las incongruencias que tenemos como seres humanos.

Cuando somos niños, queremos ser adultos y al serlo, muchas veces añoramos lo que hacíamos de pequeños, en fin, lo importante es lograr un equilibrio y saber que, pese a lo adultos que seamos, trabajemos y nos comprometamos a trabajar para ser felices.

A veces olvidamos esta ley y entonces nos dejamos absorber por la negatividad, sin explotar la opción de reinventarnos a partir de las fortalezas y los recursos que cada uno tiene para hacer lo que se nos da mejor. No podemos negar que como todo aquello que vale la pena, la felicidad está soportada sobre el logro del bienestar, la tranquilidad y la autorrealización, por lo cual se trabaja y se disfruta tras lograrla. Tal como lo dijo Ralph Waldo Emerson: El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene y yo agrego, en esa línea, cada uno busca y tiene metas distintas.

Nada, y menos la felicidad llega de forma mágica, no, no, no, hay que hacer ajustes y cambios que de forma cotidiana, tengan consecuencias y beneficios positivos.  De eso se trata el bienestar: simplemente de estar bien, ser optimistas y lograr el equilibrio entre lo que somos y lo que hacemos.

Por eso, nuestra percepción de ser felices y estar satisfechos con lo que hacemos y logramos con nuestras metas diarias, es tan relativa. Máxime en un ambiente en el que a diario convivimos con mucha gente que parece ser experta en reclamos, quejas y criticas ácidas. Y olvida que la felicidad como decisión, debe ser diaria y no por roles, de tal forma que responda a las motivaciones y logren que cada uno se sienta a gusto con lo que hace.

Me explico, si usted es supuestamente feliz en casa o en las redes sociales y amargado en el trabajo, no sirve, pues a la familia o a la organización en algún momento, le impactará su amargura.

Asimismo, ante la eclosión de recetas, productos, libros, sitios web, charlas, trucos y listas para ser felices, es fácil que muchos se dejen llevar por estas ilusiones, y caigan en el mito de haga esto o aquello para ser feliz, o usted será feliz, sin problemas, sin tareas o con dinero a montones, o peor, si compra, consume, toma, hace esto o aquello, siendo la postura más simplista, que olvida que la felicidad se surte y la experimentamos en el día a día, de acuerdo a nuestra actitud y al enfoque que cada uno tiene a diario.

Lograr personas, individuos, ciudadanos, y de forma colectiva, una fuerza de trabajo con mejor actitud, más comprometidos y agradecidos, que haga buen uso de la comunicación, la confianza, la satisfacción y las habilidades blandas en pos de querer ayudar al otro, generar buenas y sólidas relaciones, es absolutamente necesario, si queremos personas más sanas, más tranquilas y por ende, empresas sustentables y productivas para la sociedad.

En consecuencia es vital que desde lo personal y a nivel social, trabajemos cada día, por mejorar nuestras actitudes y emociones frente a todo lo que nos sucede. No tratemos de empaquetar a todos bajo el rótulo de “felices”. Eso sería imposible, pues la felicidad, sólo puede definirse a nivel personal, de acuerdo a lo que cada uno tiene como persona en su interior.

(c) Maritza Zabala Rodríguez

@mazarito1

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