Una pedagogía alternativa

Durante estudios realizados en la Universidad de Manizales tuve la oportunidad de trabajar con mis compañeras y compañeros a un pedagogo que nos sobrecogió por su inusitada posición crítica.

Partimos de la base que aspirábamos a encontrar un educador que desde espacios posmodernos del pensamiento removiera los estatutos epistémicos, su naturaleza política, la ética social y el modelo estético vigentes.

Los objetivos nos llevaron a pensar en varios eruditos en el tema, maestros del pensamiento, irreverentes, conocidos como “desubicados” por los apologistas del orden.

Se trataba de un viaje hacia un cambio epocal desde la educación como proceso, donde la democracia no encubriera sistemas políticos injustos.

Para fortuna nuestra encontramos a Henry Girox, quien se había obstinado desde una atmósfera conservadora, propia de la sociedad norteamericana, en estremecer la tradición, por su compromiso con la igualdad social.

Teníamos el propósito de repensar los conceptos educativos que en Los Estados Unidos  pesan como un “elefante” y piensan como un “burro”, repensando la cultura como creación humana, la política como destino liberador y la función  pública como ejercicio razonable del Estado.

Dirigimos la mirada hacia los métodos de  coerción, explotación y hegemonía cultural existentes en la educación estadunidense, que prevaliéndose de ideales democráticos nos promete una sociedad donde los espacios públicos de participación ciudadana, el rol de la sociedad civil, el papel de la educación y el destino de los actores políticos son un fulgurante estilo de vida. “American Way of Life”

Girox nos acercó a obras como “Ideología, Cultura y el Proceso de enseñar” (1.981), de tal manera que nos acompañó de una manera audaz, fustigadora de la realidad y, sobre todo, con las más alta dosis de optimismo.

El desencanto, propio de nuestra condición de estudiantes reflexivos, en torno a tableros, aulas, tareas, trabajos, exámenes y movimientos sociales, nos condujo a una visión tranquilizadora sobre la enseñanza, otorgándole al desaliento educativo, que reina un nuestros países, una interpretación libertaria.

Pese al poder totalizante de la globalización Girox le apuesta a una etapa que anuncia la instauración de profundos cambios civilizacionales desde la educación, pone en discusión la lógica del sentido contemporáneo, inaugura otro tipo de sociabilidad y sacude la agenda de  nuestra realidad.

Al apostarle a una óptica que rompe con el paisaje barroco, funda su metodología donde lo ético es un referente educativo que no distingue entre la cultura alta y popular, y pese al estallido del mundo virtual, que funciona como una conmoción de cimientos, el intelecto puede empujarnos a umbrales inestimables y sacarnos del anacronismo.

Su pensamiento es de profundo calibre y profundidad y su postura radical suministra teorías que son asimilables por las sociedades desiguales.

Su actitud no es una posición rabiosa contra la sociedad a la cual pertenece, su radicalidad consiste en cuestionar la lógica dominante, la cultura dominante, el discurso dominante, donde el conocimiento de los docentes sea  capaz de crear una fundamentación que reemplace la bancarrota de los sustratos racionales de la modernidad.

Como sociólogo encuentra que la educación actual es una forma de manipulación ejercida  sobre los niños y jóvenes que los convierte en ciudadanos súbditos de todo tipo de fanatismos políticos y/o religiosos. Advierte que el daño fundamentalista es enorme. Como el fundamentalismo étnico que existe en muchas partes del planeta.

Confiesa que es partidario de una educación no neutral, que impida la fragmentación social y  amplíe el espacio de la democracia.

Contrario a nuestra realidad colombiana concibe la escuela como un entorno que va más allá de las cuatro paredes, donde el encuentro estratégico del alumno con el profesor sea una oportunidad estupenda para tratar los asuntos vitales de la colectividad.

Pese a que la globalización es profundamente arrasadora, que ha establecido parámetros universales, comportamientos que llenan las aulas escolares y universitarias con actitudes simiescas, Girox no se desalienta; en sus teorías las naciones, las regiones y las ciudades serían objeto de cambios sustanciales si los estudiantes tienen una mirada dialéctica que supere la obediencia de vivir en el caos.

Como Chomsky, crítico de una sociedad que ha producido un presidente que pertenece a la élite de la farándula mundial, postula que para construir una cultura democrática es necesario imaginar que existe otra manera de habitar los espacios del pensamiento, donde la democracia  coincida con  el Estado y la escuela sea una morada de todas las verdades y un escenario prometedor para salir de la crisis del pensamiento social.

Para los docentes fraterno saludo en su Día.

Nuestra experiencia como maestros en un Establecimiento Rural en del Tolima, en la Universidad Libre, en la Universidad Santiago de Cali, en la Universidad Royal de Victoria, Canadá y en La Universidad Bolivariana de Venezuela, nos enseñó que la escuela debe ser espacio para la cultura educativa, la democracia política y, además, la residencia de la poesía.

Hasta pronto.

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