Si la carantanta no se llamara carantanta

Marco Antonio Valencia Calle

Po: Marco Antonio Valencia Calle

Cómo le explico a mi sobrino que las fiestas tradicionales de enero en Popayán se llamaban Fiestas de Pubenza (nombre único en el mundo, nombre propio, nombre que daba identidad), pero que un día vino un alcalde y las re-bautizó como “Fiestas de Reyes” (como se llaman a las fiestas del 5 y 6 de enero en todos los barrios y ciudades del mundo. Nombre tan genérico que no dice nada); y que el aeropuerto de la ciudad de Popayán se llamaba hermosamente Aeropuerto Machangara (único nombre en el mundo), para re-bautizarlo como Aeropuerto “Guillermo León Valencia (nombre que ya tiene un expresidente, un museo, dos colegios, una calle, un teatro, un libro, un monumento… cómo si no hubiera otro nombre para bautizar algo por aquí).
Un día de éstos amanecemos con un decreto que diga “la carantanta” se llamará de ahora en adelante papitas Margarita y “el tamal de pipián” ya no será de pipián sino que se llamará “tamal gourmet”… porque los “ilustres políticos del siglo XXI”, quieren pasar a la historia haciendo “alcaldadas” o estupideces como la del tipo que mandó a dinamitar la estación del ferrocarril de Popayán porque le parecía que si ya no habían trenes, ese edificio ya no servía; o simple y llanamente, porque les da “oso” tener nombres de indios en una ciudad que es única por su patrimonio de ayer (que incluye indígenas, negros y mestizos, duélale a quien le duela), y que poco a poco se convierte en la vulgar urbe de todos y de nadie, sin identidad, sin historia, sin patrimonio.
En Popayán hay ingenio para la envidia y el bochinche, pero no para bautizar.
¿Ya vieron como nombran los centros comerciales, los edificios y los conjuntos residenciales?
Mire cualquiera y póngalo en Google, con facilidad encuentra cien centros comerciales que se llaman así, y doscientos conjuntos residenciales en el mundo que se llaman como bautizan a los conjuntos de aquí. Por aquí nos falta un libro de historia que nos diga lo que somos y tenemos que seguir siendo a pesar de la modernidad y sus miedos a los osos…

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