De cara al 2018

Maritza Zabala Rodríguez

Cuando nos enteramos del “cese al fuego y de hostilidades de carácter temporal y bilateral”, entre el gobierno nacional y el ELN, yo entendí, tal vez como muchos de ustedes, que el ELN se comprometía a suspender entre el 1 de octubre y el 12 de enero, atentados contra la infraestructura, secuestrar o “retener” en su argot, reclutar menores de edad y sembrar minas antipersonales.

 

La realidad es otra, una cosa es lo previsto en Ecuador y distinto lo que se vive en Colombia y en departamentos tan azotados de múltiples formas, como el Cauca. Los secuestros registrados en este final de año, así lo ratifican. A esto se suma, que la realidad rural de muchos de los municipios de la mal llamada, “otra Colombia” se agrava al conjugar en estos territorios y regiones, la carencia de bienes públicos y la convivencia del narcotráfico, la explotación ilegal de minerales, el accionar de bandas y organizaciones criminales que, sumados a los intereses de quienes ejercen allí su dominio, ante la falta de presencia efectiva del gobierno, impactan de forma negativa y perversa en nuestros campesinos. A quienes les toca, o se acostumbraron, como se dice popularmente, “bailar con la más fea” y muchas veces, servir a dos señores.

 

Todo esto, tal vez obedezca a una situación estructural.

 

Me explico: tras 5 décadas de accionar de los grupos al margen de la ley y de frente al desafío de la pos verdad, la agenda pública está cargada de temas, que intentan dejar la guerra y la violencia rezagadas frente a temas antes olvidados como la profunda debilidad institucional, la polarización, la radicalización, la urgencia de valores comunes, la solidaridad, y el olvido de los beneficios de dar sin esperar mucho a cambio.

 

En este entramado, fenómenos como la corrupción, que, dicho sea de paso, existe desde siempre, pero ahora, soportada en el clientelismo, se ha diversificado y brilla con luz propia, debe ponernos en alerta como ciudadanos activos, no pasivos. No es necesario describir aquí las consecuencias que la corrupción tiene en la esfera de lo público y lo social. Urge combatirla con respeto al Estado de derecho, e intervenir los ámbitos sociopolíticos, culturales e institucionales, de tal forma, que no experimentemos historias cercanas de vecinos que, como en Perú, vivieron y viven el capítulo Fujimori, con todos los claroscuros que se conocen.

 

Esperemos que todos los pronósticos de las grandes firmas, gremios y expertos, logren en verdad, bajar el desempleo, superar las brechas de desigualdad que para muchos son paisaje y en especial, lograr que en Colombia afloren acciones que en nuestras regiones sean verdaderas demostraciones de territorios que inician a caminar hacia una paz sostenible, territorial y positiva.

 

Ahora bien, ya para terminar por ahora el 2017, es oportuno recordar que, de cara al nuevo año, todos estos factores tienen peso en nuestra economía, tan frágil e incierta entre otros factores por las elecciones legislativas y presidenciales del 18, la implementación de los acuerdos de paz con las FARC, la llegada masiva de vecinos venezolanos y el trámite de una nueva reforma tributaria. Todo lo cual nos exige reconocer y concientizarnos de los cambios que nuestras sociedades viven dentro del camino hacia esta nueva Colombia.

 

Un feliz 2018 para todos y ojalá quienes están retenidos, alejados de sus familias, retornen pronto.

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